A la búsqueda de una arqueología pedagógica de la música · Entrega 02

¿Cómo se sigue una huella en la historia?

Cómo buscar un método para avanzar en la historia y volver atrás para comprobar nuestras hipótesis.

Artículo publicado17 de septiembre de 2026

¿Debo investigar de atrás hacia adelante o de adelante hacia atrás?

Ya tenía una intuición. Pensaba que la historia de la música podía conservar rastros de un desarrollo: formas musicales que fueron cambiando, acumulándose y abriendo nuevas posibilidades. Y me preguntaba si esa historia podía ayudarnos a imaginar una trayectoria de desarrollo musical para una persona.

Pero antes de abrir la historia apareció una pregunta metodológica bastante sencilla.

Podía comenzar desde las prácticas más tempranas que lograra documentar y avanzar hacia lo posterior. O podía hacer lo contrario: tomar una práctica desarrollada —por ejemplo, un contrapunto complejo— y caminar hacia atrás preguntando qué tuvo que existir antes para que aquello fuera posible. No sabía cuál de las dos formas era mejor.

Así que antes de buscar cantos, tratados o contrapuntos decidí buscar una manera de seguir un proceso.

¿Hacia dónde caminar?

Mi primera búsqueda estuvo centrada en expresiones como: “process tracing forward backward causal mechanism”.

No llegué a esas palabras por casualidad. Busqué process tracing porque quería reconstruir un proceso. Añadí forward / backward porque mi duda era precisamente si debía caminar hacia adelante o hacia atrás. Usé causal porque necesitaba evitar una confusión: que algo aparezca antes no significa necesariamente que haya producido lo siguiente. Y añadí mechanism porque quería saber qué tipo de evidencia necesitaríamos para mostrar el puente entre dos momentos.

Una de las primeras fuentes importantes que encontré fue David Collier.

Collier define el process tracing como el examen sistemático de evidencia diagnóstica seleccionada y analizada a la luz de las preguntas e hipótesis del investigador. Pero hay algo particularmente importante para nosotros: insiste en que la descripción tiene un papel central y en que las observaciones deben poder situarse dentro de una secuencia causal. (Collier, 2011, pp. 823–824). Collier, 2011, pp. 823–824

Eso produjo una primera regla para esta investigación:

Antes de explicar por qué una práctica produjo otra, necesito describir suficientemente bien qué ocurrió entre ambas.

Todavía quedaba mi pregunta original: ¿hacia adelante o hacia atrás? Entonces encontré un capítulo de Andrew Bennett dedicado también al process tracing. Bennett utiliza una comparación muy sencilla: investigar un proceso se parece al trabajo de un detective. Y allí encontré una respuesta sorprendentemente directa a mi pregunta. El investigador puede:

“trace processes in both directions”
—Bennett (2022, sección 9.3)

Bennett explica que se puede partir de posibles causas y avanzar preguntando si cada paso produjo el siguiente. Pero también se puede comenzar desde el resultado y retroceder buscando el paso inmediatamente anterior y después el anterior a ese. (Bennett, 2022, sección 9.3). Bennett, 2022, sección 9.3 Entonces decidí no escoger una sola dirección.

Primera pasada: avanzar históricamente

La primera pasada sería desde lo más temprano que podamos documentar hacia lo posterior. Esa debería ser nuestra ruta principal de descubrimiento.

¿Por qué? Porque si comenzamos desde Bach, Beethoven, un contrapunto muy elaborado o el músico contemporáneo y caminamos hacia atrás buscando sus antecedentes, existe un peligro: empezar a interpretar todo lo anterior como una preparación inevitable para aquello que ya sabemos que terminó ocurriendo. El pasado puede acabar pareciendo una versión incompleta del presente.

En cambio, si tomamos una práctica antigua suficientemente documentada y preguntamos simplemente: ¿qué podían hacer aquí?, podemos observar después qué nueva posibilidad aparece, qué permanece y qué cambia.

Pero aquí apareció otro problema. Yo venía utilizando una palabra con mucha tranquilidad: evolución. Y necesitaba comprobar qué derecho tenía a entender evolución como un camino de lo simple hacia lo complejo.

Evolución no significa automáticamente progreso

Busqué entonces combinaciones cercanas a: “cultural evolution music progress simple complex”. Y encontré la revisión de Patrick E. Savage sobre evolución cultural de la música. Savage hace una advertencia muy importante:

“there is nothing about progress or direction contained in the above definition”
—Savage (2019, sección «What is “evolution”?»)

Es decir: evolución no significa, por definición, progreso ni una dirección obligatoria.

Un proceso evolutivo puede producir cambios hacia mayor complejidad, pero también hacia menor complejidad o cambios que no siguen una dirección única. Savage recuerda además que algunas antiguas corrientes de musicología comparada sí entendieron la evolución musical como un movimiento desde culturas y músicas supuestamente “simples” hacia otras “complejas”, una concepción que hoy no podemos aceptar como punto de partida sin someterla a crítica. Savage, 2019, sección «What is “evolution”?»

Eso no eliminó mi intuición. Pero sí eliminó un atajo. Ya no podía decir:

La música evolucionó; por tanto, necesariamente fue de lo simple a lo complejo.

Ahora tenía que preguntar:

¿Podemos encontrar en casos concretos procesos documentables de acumulación, dependencia o complejización?

La complejidad dejaba de ser una premisa. Pasaba a ser algo que tendríamos que descubrir. O no.

Pero una cosa sí puede construirse sobre otra

La advertencia de Savage produjo otra búsqueda. Si evolución no significa necesariamente progreso lineal, ¿puede ocurrir de todos modos que una innovación posterior dependa de descubrimientos anteriores? Busqué entonces términos como: “cumulative cultural evolution dependency innovations”. Y llegué a Alex Mesoudi y Alex Thornton.

Su revisión sobre evolución cultural acumulativa muestra que existen diferentes maneras de definirla. Algunas incluyen precisamente relaciones de dependencia entre elementos culturales. Entre las formulaciones que revisan aparece esta:

“innovations were contingent upon earlier discoveries”
—Derex y Boyd (2016), citados por Mesoudi y Thornton (2018, p. 3, sección 3(a))

La frase se refiere a una condición incorporada al diseño de un experimento: ciertas innovaciones requerían descubrimientos previos. La revisión la utiliza al discutir la dependencia funcional entre rasgos culturales. No demuestra, por sí sola, que una práctica musical histórica necesitara otra. Mesoudi y Thornton distinguen criterios básicos y ampliados de acumulación; esa distinción obliga a precisar qué dependencia queremos investigar. Mesoudi y Thornton, 2018, p. 3, sección 3(a)

Eso me interesó muchísimo. Porque significaba que mi intuición no tenía que formularse como: todo avanza inevitablemente de A hacia B. Podía formularse de una manera mucho más cuidadosa: tal vez determinadas posibilidades posteriores necesitaron que otras posibilidades ya existieran. Y eso sí podía investigarse.

Dependencia de trayectoria

La búsqueda siguiente fue aproximadamente: “cultural evolution path dependence systems”. Así llegué al trabajo de Andrew Buskell, Magnus Enquist y Fredrik Jansson.

Ellos proponen estudiar la cultura como un sistema de elementos relacionados entre sí. Algunas relaciones entre esos elementos pueden hacer posibles ciertos caminos y dificultar otros. Buskell et al., 2019, sección «Evolutionary trajectories and historical dependencies», fig. 4 Una frase de su artículo resume muy bien la idea:

“future states of the tradition depend on the past states of that tradition”
—Buskell et al. (2019, sección «Evolutionary trajectories and historical dependencies»)

A eso lo llaman dependencia de trayectoria. Y aquí encontré algo especialmente útil.

Los autores muestran un ejemplo teórico estrictamente lineal. Abrevio aquí su figura 4a: A → B → C, donde B depende de A y C depende de B. Pero también muestran otros sistemas con ramificaciones, combinaciones y diferentes órdenes posibles. Buskell et al., 2019, sección «Evolutionary trajectories and historical dependencies», fig. 4

Eso vuelve nuestra pregunta todavía más interesante. Puede existir un camino. Pero no tenemos derecho a asumir que siempre será un solo camino. Habrá que descubrirlo.

Entonces, ¿qué buscaríamos?

No empezaría preguntando: ¿X causó Y? Eso es demasiado fuerte. Primero preguntaría: ¿qué cambió entre X e Y?

Por ejemplo:

Estado A
Un grupo puede cantar una misma línea conjuntamente. Después aparece B
Dos voces empiezan a realizar cosas diferentes. Entonces preguntamos:

  • ¿Qué acción musical nueva aparece?
  • ¿Qué de la práctica anterior permanece?
  • ¿Qué nueva dificultad surge?
  • ¿Qué nuevas referencias o apoyos aparecen?
  • ¿La nueva práctica presupone realmente algo de la anterior o simplemente coexistió con ella?
  • ¿Tenemos evidencia de transmisión, transformación o dependencia?

Solo después, si las fuentes lo permiten, podremos escribir: A contribuyó a hacer posible B. Porque: A ocurrió antes que B no significa todavía: A produjo B.

El process tracing resulta útil precisamente porque intenta reconstruir las piezas intermedias del proceso, no limitarse a observar dos acontecimientos consecutivos. Collier insiste en la importancia de situar la evidencia dentro de una secuencia causal; Bennett muestra que esa secuencia puede rastrearse desde ambos extremos. Collier, 2011, pp. 823–824; Bennett, 2022, sección 9.3

Creo que nuestro método podría quedar así

1. Avanzar históricamente

Tomamos la práctica más temprana que podamos documentar con suficiente seguridad. No: “el hombre de las cavernas hacía X” si no tenemos evidencia para decirlo. Algo documentable. Y preguntamos: ¿qué se hacía musicalmente aquí? No solo qué música era. También las acciones: cantar juntos, repetir, sostener, coordinar, alternar, añadir, imitar…

2. Buscar la siguiente transformación

No necesariamente buscamos “la siguiente fecha”. Buscamos dónde aparece una nueva posibilidad musical relevante. Entonces podremos escribir algo parecido a: antes podía hacerse A; ahora también puede hacerse B.

3. Describir la transición antes de explicarla

Primero: A → aparece B. Después preguntamos: ¿qué tuvo que cambiar para que B fuera posible? Aquí pueden aparecer:

  • nuevas acciones musicales;
  • nuevas reglas;
  • nuevas representaciones;
  • nuevos apoyos;
  • nuevos instrumentos;
  • nuevas instituciones;
  • nuevas formas de transmisión.

4. No declarar causalidad demasiado pronto

Una sucesión histórica: A ocurrió antes que B no permite todavía escribir: A produjo B. Tenemos que encontrar el puente.

5. Después caminar hacia atrás

Una vez tengamos una hipótesis: A → B → C → D, tomaremos D y preguntaremos: ¿qué necesita realmente D? ¿Necesita C? ¿C necesitaba B? ¿O hemos construido esas conexiones simplemente porque nos parecían bonitas? Aquí la mirada hacia atrás se convierte en una auditoría de nuestra propia secuencia.

Y de todas estas lecturas apareció una frase que quiero conservar. No pertenece a Collier. No pertenece a Bennett. No es una cita de ningún autor. Es mi síntesis metodológica para esta investigación:

Síntesis metodológica

Avanzar para descubrir; volver hacia atrás para comprobar.

Avanzar
Volver

Volvamos al contrapunto

Esto se vuelve mucho más claro cuando regreso a mi intuición musical. No quiero comenzar diciendo: “antes del contrapunto complejo debe existir contrapunto sencillo”. Eso sería convertir mi hipótesis en conclusión antes de investigar. Quiero comenzar observando históricamente: Aquí encontramos una manera de relacionar dos voces.

Después: Aquí aparece una nueva posibilidad respecto de esa relación. Después otra. Y quizá empecemos a encontrar algo parecido a: una voz con otra
→ movimiento restringido
→ mayor variedad de relaciones
→ mayor independencia
→ imitación
→ ornamentación
→ elaboraciones más complejas

Pero esa línea todavía es una hipótesis. Tendrá que sobrevivir a las fuentes. Si sobrevive, entonces podremos hacer una segunda pregunta: ¿podría ese recorrido convertirse en una trayectoria de desarrollo para una persona? Ahí volverá mi alumna. La que logra afinar cuando canta al unísono con otras personas pero todavía tiene dificultades cuando canta sola. Pero todavía no.

Primero tendremos que construir la genealogía histórica. Después podremos construir una hipótesis formativa. Y solo después tendrá sentido ponerla a prueba con personas reales.

Una pregunta que debí hacer antes

Hasta este momento pensaba que el siguiente paso sería abrir finalmente la historia de la música y buscar el primer punto desde el cual comenzar. Pero las fuentes que estaba leyendo habían introducido nuevas palabras: evolución cultural. acumulación. dependencia. trayectoria.

Y entonces apareció una pregunta mucho más sencilla. Estaba intentando construir una metodología para investigar mi hipótesis. Pero todavía no había preguntado algo bastante obvio: ¿alguien habrá intentado esto antes?

Si mi intuición era que la evolución histórica de la música podía guardar una relación con el desarrollo musical de una persona, antes de construir mi propio camino debía averiguar si alguien ya había recorrido algo parecido.

Quizá ya existía una propuesta. Quizá alguien había construido un método. Quizá había funcionado. Quizá había fracasado. Quizá estaba a punto de repetir un error de hace cien años.

Las propias fuentes metodológicas me llevaron entonces a cambiar nuevamente el orden de la investigación. Antes de buscar el primer peldaño de la historia, tenía que buscar a quienes ya habían buscado esa escalera. La siguiente pregunta quedó entonces así:

¿Seré el primero?

Y esa pregunta terminó llevándome a lugares que no esperaba.


Alcance de las fuentes y del recorrido

Collier y Bennett ofrecen herramientas para investigar procesos; Mesoudi y Thornton y Buskell et al. discuten evolución cultural general. Ninguno de esos trabajos prueba la genealogía musical ni la secuencia didáctica que propongo. Los ejemplos de voces y contrapunto siguen siendo hipótesis de esta investigación.

Las consultas transcritas orientan al lector sobre la búsqueda narrada; no se conserva un registro independiente que permita certificarlas como un historial literal y exhaustivo. Durante la revisión editorial se cotejó además el original de Derex y Boyd (2016, p. 2982): allí la dependencia citada corresponde al diseño de una tarea experimental con un remedio virtual. Esta comprobación posterior no se presenta como un descubrimiento hecho al escribir la primera versión.

Referencias

01

Bennett, A. (2022). Process tracing for program evaluation. En J. Widner, M. Woolcock, & D. Ortega Nieto (Eds.), The case for case studies: Methods and applications in international development (pp. 195–218). Cambridge University Press. https://doi.org/10.1017/9781108688253.010

02

Buskell, A., Enquist, M., & Jansson, F. (2019). A systems approach to cultural evolution. Palgrave Communications, 5, 131. https://doi.org/10.1057/s41599-019-0343-5

03

Collier, D. (2011). Understanding process tracing. PS: Political Science & Politics, 44(4), 823–830. https://doi.org/10.1017/S1049096511001429

04

Derex, M., & Boyd, R. (2016). Partial connectivity increases cultural accumulation within groups. Proceedings of the National Academy of Sciences, 113(11), 2982–2987. https://doi.org/10.1073/pnas.1518798113

05

Mesoudi, A., & Thornton, A. (2018). What is cumulative cultural evolution? Proceedings of the Royal Society B: Biological Sciences, 285(1880), 20180712. https://doi.org/10.1098/rspb.2018.0712

06

Savage, P. E. (2019). Cultural evolution of music. Palgrave Communications, 5, 16. https://doi.org/10.1057/s41599-019-0221-1