Música y autismo · Artículo 03 · Agenda visual

La agenda visual en la clase de música: anticipar, elegir y organizar el tiempo

Una experiencia de aula para explorar si una secuencia visual, con elección y cierre de actividades, puede acompañar una ampliación gradual del tiempo de clase. Por ahora, la experiencia se mantiene en treinta minutos.

Versión v0.5Experiencia de campo

La dificultad no era solamente el reloj

En esta clase de música, media hora ya era un tiempo importante. Mi objetivo es ampliarlo gradualmente hasta una hora, pero todavía no lo he logrado. No quise convertir esa meta en una exigencia inmediata ni interpretar el límite actual como falta de interés o de capacidad.

La pregunta fue otra: ¿cómo hacer visible el tiempo de una clase para que sus actividades no aparecieran como una sucesión incierta de cosas que alguien más decide?

Una clase de treinta minutos puede ser breve para un adulto que conoce el plan. Para quien no sabe qué actividad viene, cuánto falta o cuándo termina, puede ser una experiencia difícil de organizar. La dificultad podía estar en la estructura de la tarea y en la información disponible, no únicamente en la persona.

La agenda que usamos está sobre la mesa

Construí una agenda visual impresa y la puse al alcance del alumno durante la clase. No es la agenda fija que aparece en algunas fotografías del aula: esa es solo un ejemplo de otro tipo de apoyo visual.

La agenda de esta experiencia contiene tarjetas de actividades e instrumentos. El alumno puede ordenarlas según lo que quiere hacer, señalar cuáles son sus actividades favoritas y voltear cada imagen cuando termina. Así, la secuencia no queda solamente en mi explicación verbal: se puede mirar, organizar y recorrer.

La elección no elimina el propósito musical de la clase. Me permite conocer qué propuestas convocan más su participación y construir desde allí. Voltear una tarjeta tampoco es un detalle decorativo: deja una marca visible de que una actividad terminó y de que hay otra por venir.

Agenda impresa de mesa con seis espacios numerados y tarjetas de instrumentos y actividades; al fondo se observa una agenda de pared.
La agenda de pared que aparece al fondo forma parte del entorno del aula. Este artículo documenta la agenda impresa de mesa y sus tarjetas de actividades e instrumentos. Fotografía: Luis Javier Valencia. Imágenes de instrumentos y actividades de las tarjetas generadas con ChatGPT.

Una rutina que todavía estamos probando

La agenda reúne varias decisiones: anticipar, permitir elecciones, sostener una rutina y hacer visible el comienzo, el recorrido y el final. Estas observaciones corresponden a cuatro clases. Mi impresión como docente es que la dinámica de los treinta minutos está más organizada y que el alumno participa más en la secuencia: ordena tarjetas según sus preferencias y voltea las imágenes al terminar. Presento estas apreciaciones como observaciones cualitativas de aula; este relato no aporta una comparación medida antes y después.

No puedo afirmar todavía que la agenda haya ampliado el tiempo de clase ni que produzca disciplina por sí sola. También influyen las actividades elegidas, el vínculo construido, el acompañamiento docente, el entorno y lo que ocurra ese día. La agenda es una parte de la estrategia, no una explicación única.

Por eso la siguiente iteración no consiste simplemente en añadir treinta minutos. Consiste en observar qué ocurre cuando la secuencia se mantiene: qué tarjetas elige, cuáles pide repetir, en qué momento necesita apoyo, cuánto tiempo sostiene cada actividad y si el cierre visible le ayuda a pasar a la siguiente.

Lo que aporta la evidencia

El recurso de AFIRM describe los apoyos visuales como señales concretas que aportan información sobre una rutina, actividad, expectativa o habilidad. Incluye las agendas visuales entre sus formas posibles y recoge su clasificación como práctica basada en evidencia. No son una receta única ni sustituyen conocer a la persona y el contexto (Sam y AFIRM Team, 2024).

La guía NICE para niñas, niños y jóvenes autistas recomienda apoyos visuales significativos —palabras, imágenes o símbolos que tengan sentido para la persona— al considerar el entorno (§1.1.9). En sus recomendaciones sobre conductas que plantean dificultades, también señala la falta de estructura y predictibilidad como factores que deben valorarse y contempla ajustes para aumentarlas (§1.4.1–1.4.2). Son recomendaciones de atención y apoyo; aquí las tomo como orientación para una decisión pedagógica, no como una prescripción de duración para una clase de música (NICE, 2021).

La revisión NCAEP incluye las agendas entre los apoyos visuales y señala que estos suelen combinarse con otras prácticas. Eso ayuda a situar la agenda dentro de una estrategia más amplia, sin aislar su efecto del acompañamiento docente o del resto de la clase (Steinbrenner et al., 2020). Ninguna de estas fuentes demuestra que esta agenda concreta vaya a llevar la clase de media hora a una hora.

La evidencia orienta la pregunta; la observación de aula decide la siguiente modificación.

Lo que observamos y lo que todavía no sabemos

Hecho
Se elaboró una agenda visual impresa con tarjetas de actividades e instrumentos y se ubicó sobre la mesa durante la clase.

Observación
El alumno ordena tarjetas según sus preferencias y voltea las imágenes al terminar actividades. La impresión docente de una dinámica más organizada durante los treinta minutos actuales es cualitativa; no se presenta como una medida estandarizada de cambio.

Interpretación
Hacer visible la secuencia, permitir elección y marcar los cierres pudo hacer más comprensible el recorrido de la clase.

Hipótesis
Una agenda visual participada podría apoyar la ampliación gradual del tiempo de clase si conserva actividades musicalmente significativas y si se ajusta según lo que el alumno muestra.

Pregunta abierta
¿Qué combinación de número de actividades, opciones de elección, duración y tipo de cierre permite ampliar el tiempo sin convertir la clase en una exigencia que pierda su sentido musical?

Límite
Todavía no hemos superado media hora. Esta experiencia no demuestra que todas las personas autistas necesiten una agenda visual ni que este apoyo, por sí solo, genere disciplina o prolongue el tiempo de participación.

Qué sostienen y qué no sostienen.

01

Fuente consultadaSam, A., & AFIRM Team. (2024). Visual supports, updated. The University of North Carolina at Chapel Hill, Frank Porter Graham Child Development Institute, Autism Focused Intervention Resources and Modules.
Localizadores: p. 4, definición y base de evidencia; p. 17, elección; pp. 18–19, seguimiento y registro.
Aporta una descripción operativa de los apoyos visuales y sus antecedentes de evidencia; no evalúa esta agenda ni esta clase de música.

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02

Fuente consultadaNational Institute for Health and Care Excellence. (2013, actualizada el 14 de junio de 2021). Autism spectrum disorder in under 19s: support and management (CG170).
Localizadores: §1.1.9, apoyos visuales significativos; §1.4.1–1.4.2, estructura y predictibilidad en su contexto de atención.
Recomienda considerar estructura, predictibilidad y apoyos visuales significativos; no prescribe un formato único ni establece un tiempo de clase adecuado para cada persona.

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03

Fuente consultadaSteinbrenner, J. R., Hume, K., Odom, S. L., Morin, K. L., Nowell, S. W., Tomaszewski, B., Szendrey, S., McIntyre, N. S., Yücesoy-Özkan, Ş., & Savage, M. N. (2020). Evidence-based practices for children, youth, and young adults with autism. The University of North Carolina at Chapel Hill, Frank Porter Graham Child Development Institute, National Clearinghouse on Autism Evidence and Practice Review Team.
Localizadores: p. 29, clasificación de apoyos visuales; p. 139, definición, ejemplos y combinación con otras prácticas.
Sustenta el uso cuidadoso de prácticas basadas en evidencia; no convierte una experiencia de aula en una conclusión general.

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